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Artistas que exhiben:
Margaret Whyte
Enrique Aguerre
RULFO
MAria Jose Ambrois
Jacqueline Lacasa
Alejandro Turell
Vladimir Muhvich
Diego Focaccio
Gabriel Lema
Aldo Baroffio
Gustavo Tabares
Javier Abreu
Cecilia Vignolo
Alejandro Schmidt
NDM
Alejandro Turell llamó Trofós (nutricio, educativo, espiritual) a la primera instalación unipersonal que realiza en el Centro Cultural Dodecá. Una interacción entre arte y ciencia que, sin duda, de manera deliberada o no, reconoce en el maestro alemán Joseph Beuys y sus relaciones con el filósofo Rudolf Steiner, fundador de la antroposofía, ese cruce de lenguajes disímiles. Con Valores económicos, famosa obra de Beuys consistente en estantes con productos alimenticios alemanes, parecen vincularse las redes tróficas de Turell, conjunto de relaciones alimenticias que forman un ecosistema, depositando en tubitos de vidrio miel, cera, abeja, polen, cobre, cinc, bronce, moscas, azúcar, yerba, uñas, carbón, tierra, aceite, tela, pluma, mientras surgen en otros sectores de la pared, como objetos, fideos tubifex compactado de hermosos efectos en relieves, seguidos de transparencias en papel y fotocopias de cabras, ñandúes, cerdos, vacas, trampas y pelos, planisferio y tierra, fieltro y prensa de matambre, elementos heteróclitos que, junto con un espacio de tierra que atraviesa el piso de la galería, uniendo una caparazón de mulita a una placa de gliptodonte, pueden dejar atónito y desorientado al visitante.
Empero, el impecable, obstinado rigor del montaje, va develando al recorrido de la mirada, la imagen de objetos como pensamiento, donde cada uno ocupa el lugar de una idea, en un proceso de trasmutación, conducción y protección, que va de objetos primarios ordenados a la manera de la tabla periódica de los elementos de Mendeleief., como los metales, esos conductores de energía, al nutricio (miel, cera) y protector (fieltro), todos obedientes al conocidísimo canon beuysiano. Turell (no confundir con Turrell, el famoso videasta) expande sus analogías hacia las múltiples combinatorias de la sociedad consumista, el aprovisionamiento indiscriminado de productos e imágenes, la ecología del cuerpo y de la mente, el acatamiento acrítico de la basura cultural que corta las relaciones con el pasado y la continuidad dialéctica y relacional con el presente.
De esta manera, Alejandro Turell, con recién cumplidos 30 años, que ya había demostrado en participaciones colectivas (salones nacionales, el reciente Premio Paul Cézanne) la mano segura para el grabado (también para la pintura) y la invención espacial, se aleja de los lenguajes de sus profesores formativos o, mejor, los resemantiza en la complejidad de sus composiciones y propuestas, indiferente al poder suasorio y a la comprensión fácil para internarse en la conflictiva realidad actual, en una línea paralela, pero personal, a la de Carlos Capelán y Rimer Cardillo, otros uruguayos preocupados por interrogar el entorno y el mundo de los objetos. *