lunes, 27 de julio de 2009

Trophos Dodecá_05 (Archivo)

















Alejandro Turell: “Trofós”
TROFÓS: Que nutre, que educa, que eleva.
TRÓFICO, CA (del gr. Trofós, alimenticio.)adj. Fisiol. Perteneciente o relativo a la nutrición.
CADENA TRÓFICA. Ecol. Conjunto de relaciones alimenticias que se establecen en un ecosistema. En el nivel inferior de la cadena se hayan los organismos autótrofos (productores primarios), que suministran materia orgánica a los consumidores que ocupan lo niveles superiores. Los consumidores primarios son los herbí­voros y los secundarios, los carní­voros. Los ecólogos prefieren utilizar el término de red en lugar de cadena, pues, por lo general, las relaciones tróficas no son unidireccionales.
TROFISMO m. Fisiol. Actividad reguladora del sistema nervioso por la cual se dan en condiciones normales una óptima nutrición, desarrollo y vida de los tejidos, como la piel, paní­culo adiposo, músculos, huesos y articulaciones.
“La sociedad nos convoca a consumir todo el tiempo elementos que poco nos nutren, estamos parados de cara a una bulimia visual”.
A.Turell 20/5/05

Alejandro Turell, la imagen como pensamiento

NDM

http://www.larepublica.com.uy/cultura/181107-alejandro-turell-la-imagen-como-pensamiento

Alejandro Turell llamó Trofós (nutricio, educativo, espiritual) a la primera instalación unipersonal que realiza en el Centro Cultural Dodecá. Una interacción entre arte y ciencia que, sin duda, de manera deliberada o no, reconoce en el maestro alemán Joseph Beuys y sus relaciones con el filósofo Rudolf Steiner, fundador de la antroposofía, ese cruce de lenguajes disímiles. Con Valores económicos, famosa obra de Beuys consistente en estantes con productos alimenticios alemanes, parecen vincularse las redes tróficas de Turell, conjunto de relaciones alimenticias que forman un ecosistema, depositando en tubitos de vidrio miel, cera, abeja, polen, cobre, cinc, bronce, moscas, azúcar, yerba, uñas, carbón, tierra, aceite, tela, pluma, mientras surgen en otros sectores de la pared, como objetos, fideos tubifex compactado de hermosos efectos en relieves, seguidos de transparencias en papel y fotocopias de cabras, ñandúes, cerdos, vacas, trampas y pelos, planisferio y tierra, fieltro y prensa de matambre, elementos heteróclitos que, junto con un espacio de tierra que atraviesa el piso de la galería, uniendo una caparazón de mulita a una placa de gliptodonte, pueden dejar atónito y desorientado al visitante.

Empero, el impecable, obstinado rigor del montaje, va develando al recorrido de la mirada, la imagen de objetos como pensamiento, donde cada uno ocupa el lugar de una idea, en un proceso de trasmutación, conducción y protección, que va de objetos primarios ordenados a la manera de la tabla periódica de los elementos de Mendeleief., como los metales, esos conductores de energía, al nutricio (miel, cera) y protector (fieltro), todos obedientes al conocidísimo canon beuysiano. Turell (no confundir con Turrell, el famoso videasta) expande sus analogías hacia las múltiples combinatorias de la sociedad consumista, el aprovisionamiento indiscriminado de productos e imágenes, la ecología del cuerpo y de la mente, el acatamiento acrítico de la basura cultural que corta las relaciones con el pasado y la continuidad dialéctica y relacional con el presente.

De esta manera, Alejandro Turell, con recién cumplidos 30 años, que ya había demostrado en participaciones colectivas (salones nacionales, el reciente Premio Paul Cézanne) la mano segura para el grabado (también para la pintura) y la invención espacial, se aleja de los lenguajes de sus profesores formativos o, mejor, los resemantiza en la complejidad de sus composiciones y propuestas, indiferente al poder suasorio y a la comprensión fácil para internarse en la conflictiva realidad actual, en una línea paralela, pero personal, a la de Carlos Capelán y Rimer Cardillo, otros uruguayos preocupados por interrogar el entorno y el mundo de los objetos. *

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